Antonio Rossetti, Amor Secreto, 1876, en la Walker Art Gallery de Liverpool:
miércoles, 10 de noviembre de 2010
ENTRE ARES Y AFRODITA
El viernes me compré Entre Ares y Afrodita. Violencia del erotismo y erótica de la violencia en la Grecia antigua (Madrid, Abada Editores, 2010), un estudio escrito conjuntamente por Ana Iriarte, Doctora por el ÉHÉSS de París y Profesora de Historia Antigua en la Universidad del País Vasco, y Marta González, Doctora en Filología Clásica y Profesora de Filología Griega en la Universidad de Málaga.
Iré reproduciendo en los próximos días algunos fragmentos de este interesantísimo libro, porque no tiene desperdicio. Hoy me limitaré a citar parte de la nota editorial que aparece en la contraportada de la obra. En mi opinión, no sobra ni una coma:
"La fuerza bruta y la persuasión erótica, también irresistible. Dos formas de doblegar, de imponer el propio criterio, en modo alguno equivalentes entre sí, pero comparadas por los griegos como fuerzas que, en el seno del matrimonio, actúan en beneficio exclusivo de una de las partes. Así quedó expresada, en la primera obra de la literatura occidental, la tensión inherente a la alianza por excelencia entre hombre y mujer; alianza proclive a abrigar el intento por cada una de las partes de 'subyugar' a la otra, cuando no solidaria de la "afeminada" venganza.
Son violencias acordes con la antigua división de los roles sexuales o, si se prefiere, 'guerra de sexos' desde la que el presente libro se propone acceder a hilos de pensamiento capaces de elucidar un tipo de conflicto que la modernidad, cargada con el lastre del pasado, sigue estando lejos de resolver."
Iré reproduciendo en los próximos días algunos fragmentos de este interesantísimo libro, porque no tiene desperdicio. Hoy me limitaré a citar parte de la nota editorial que aparece en la contraportada de la obra. En mi opinión, no sobra ni una coma:
"La fuerza bruta y la persuasión erótica, también irresistible. Dos formas de doblegar, de imponer el propio criterio, en modo alguno equivalentes entre sí, pero comparadas por los griegos como fuerzas que, en el seno del matrimonio, actúan en beneficio exclusivo de una de las partes. Así quedó expresada, en la primera obra de la literatura occidental, la tensión inherente a la alianza por excelencia entre hombre y mujer; alianza proclive a abrigar el intento por cada una de las partes de 'subyugar' a la otra, cuando no solidaria de la "afeminada" venganza.
Son violencias acordes con la antigua división de los roles sexuales o, si se prefiere, 'guerra de sexos' desde la que el presente libro se propone acceder a hilos de pensamiento capaces de elucidar un tipo de conflicto que la modernidad, cargada con el lastre del pasado, sigue estando lejos de resolver."
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martes, 9 de noviembre de 2010
ACTUALIZACIÓN
Con 38 minutos de montaje ya casi ultimados (calculo que me quedan otros 10), las ideas están ya bastante definidas:
1. Lo he dividido en 7 (u 8) capítulos, aparte de una introducción.
2. Cada uno, incluida la introducción, consta de dos partes: una expositiva, con breves explicaciones mías, y a continuación otra literaria que la ilustra, con extractos de autores antiguos, casi exclusivamente poetas.
3. La mayor parte de los autores citados son latinos (sobre todo, Ovidio y Propercio, pero también Tibulo, Catulo y Marcial, entre otros), debido a su mejor estado de conservación, pero todos los tópicos que aparecen en las citas fueron explotados ya por los griegos: no hay línea divisoria. Un ejemplo, Teócrito, Idilio 6.19 y Ovidio, Amores 2.19.36:
Huyo de lo que me sigue y sigo a lo que me huye
(quod sequitur, fugio; quod fugit, ipse sequor)
4. Por este mismo hecho puramente circunstancial, el "tipo" de amor referido en cada pasaje es casi exclusivamente heterosexual, ya que la poesía homoerótica no fue tan cultivada por los autores romanos, pero una vez más el resultado es indiferente: cada tópico, cada verso es aplicable a cualquier "clase" de amante, puesto que el amor es el mismo para todos (Virgilio, Geórgicas 3.244).
5. También por eso mismo he evitado emplear los teónimos Eros y Cupido, y los he unificado bajo la forma castellana Amor. Se trata siempre del mismo dios, de la misma fuerza natural, y en todo caso, el guión del montaje no tenía cabida para ese tipo de explicaciones.
6. Todas las imágenes de esculturas aparecen con fondo negro, después de haber sido procesadas con Gimp, como ésta de Henri-Joseph Ruxthiel, Zéphyr et Psyché, que tomé en el Louvre. El resultado siempre es superior al de la imagen original, ya que elimina el fondo natural del museo, repleto de elementos extraños, resalta la figura que interesa y a veces, al borrar parte de la imagen original (aquí, la roca que sirve de base) refuerza el efecto buscado por el artista, en este caso, la sensación de vuelo (el viento Zéfiro lleva en volandas a Psique, el Alma):
1. Lo he dividido en 7 (u 8) capítulos, aparte de una introducción.
2. Cada uno, incluida la introducción, consta de dos partes: una expositiva, con breves explicaciones mías, y a continuación otra literaria que la ilustra, con extractos de autores antiguos, casi exclusivamente poetas.
3. La mayor parte de los autores citados son latinos (sobre todo, Ovidio y Propercio, pero también Tibulo, Catulo y Marcial, entre otros), debido a su mejor estado de conservación, pero todos los tópicos que aparecen en las citas fueron explotados ya por los griegos: no hay línea divisoria. Un ejemplo, Teócrito, Idilio 6.19 y Ovidio, Amores 2.19.36:
Huye de quien la quiere y al que no la quiere persigue
(καὶ φεύγει φιλέοντα καὶ οὐ φιλέοντα διώκει)
(καὶ φεύγει φιλέοντα καὶ οὐ φιλέοντα διώκει)
Huyo de lo que me sigue y sigo a lo que me huye
(quod sequitur, fugio; quod fugit, ipse sequor)
4. Por este mismo hecho puramente circunstancial, el "tipo" de amor referido en cada pasaje es casi exclusivamente heterosexual, ya que la poesía homoerótica no fue tan cultivada por los autores romanos, pero una vez más el resultado es indiferente: cada tópico, cada verso es aplicable a cualquier "clase" de amante, puesto que el amor es el mismo para todos (Virgilio, Geórgicas 3.244).
5. También por eso mismo he evitado emplear los teónimos Eros y Cupido, y los he unificado bajo la forma castellana Amor. Se trata siempre del mismo dios, de la misma fuerza natural, y en todo caso, el guión del montaje no tenía cabida para ese tipo de explicaciones.
6. Todas las imágenes de esculturas aparecen con fondo negro, después de haber sido procesadas con Gimp, como ésta de Henri-Joseph Ruxthiel, Zéphyr et Psyché, que tomé en el Louvre. El resultado siempre es superior al de la imagen original, ya que elimina el fondo natural del museo, repleto de elementos extraños, resalta la figura que interesa y a veces, al borrar parte de la imagen original (aquí, la roca que sirve de base) refuerza el efecto buscado por el artista, en este caso, la sensación de vuelo (el viento Zéfiro lleva en volandas a Psique, el Alma):
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jueves, 28 de octubre de 2010
"AMOR PLATÓNICO"
"Es pérfido aquel amante vulgar que se enamora más del cuerpo, pues ni siquiera es estable, al no estar enamorado tampoco de una cosa estable, ya que tan pronto como se marchita la flor del cuerpo del que está enamorado, “desaparece volando”, tras violar muchas palabras y promesas."
πονηρὸς δ᾽ ἐστὶν ἐκεῖνος ὁ ἐραστὴς ὁ πάνδημος, ὁ τοῦ σώματος μᾶλλον ἢ τῆς ψυχῆς ἐρῶν· καὶ γὰρ οὐδὲ μόνιμός ἐστιν, ἅτε οὐ μονίμου ἐρῶν πράγματος. ἅμα γὰρ τῷ τοῦ σώματος ἄνθει λήγοντι, οὗπερ ἤρα, οἴχεται ἀποπτάμενος, πολλοὺς λόγους καὶ ὑποσχέσεις καταισχύνας·
πονηρὸς δ᾽ ἐστὶν ἐκεῖνος ὁ ἐραστὴς ὁ πάνδημος, ὁ τοῦ σώματος μᾶλλον ἢ τῆς ψυχῆς ἐρῶν· καὶ γὰρ οὐδὲ μόνιμός ἐστιν, ἅτε οὐ μονίμου ἐρῶν πράγματος. ἅμα γὰρ τῷ τοῦ σώματος ἄνθει λήγοντι, οὗπερ ἤρα, οἴχεται ἀποπτάμενος, πολλοὺς λόγους καὶ ὑποσχέσεις καταισχύνας·
Platón, Banquete 183e
AMOR, UN AMO LOCO Y SALVAJE
“¿Cómo eres, Sófocles, en relación con los placeres sexuales? ¿Eres capaz aún de acostarte con una mujer?” Y él respondió: “Cuida tu lenguaje, hombre; me he liberado de ello tan agradablemente como si me hubiera liberado de un amo loco y salvaje.”
“πῶς,” ἔφη, “ὦ Σοφόκλεις, ἔχεις πρὸς τἀφροδίσια; ἔτι οἷός τε εἶ γυναικὶ συγγίγνεσθαι”; καὶ ὅς, “εὐφήμει,” ἔφη, “ὦ ἄνθρωπε· ἁσμενέστατα μέντοι αὐτὸ ἀπέφυγον, ὥσπερ λυττῶντά τινα καὶ ἄγριον δεσπότην ἀποδράς.”
“πῶς,” ἔφη, “ὦ Σοφόκλεις, ἔχεις πρὸς τἀφροδίσια; ἔτι οἷός τε εἶ γυναικὶ συγγίγνεσθαι”; καὶ ὅς, “εὐφήμει,” ἔφη, “ὦ ἄνθρωπε· ἁσμενέστατα μέντοι αὐτὸ ἀπέφυγον, ὥσπερ λυττῶντά τινα καὶ ἄγριον δεσπότην ἀποδράς.”
Platón, República 329c
lunes, 25 de octubre de 2010
AMOR Y ALMA
Fotografía que tomé en el Louvre el pasado mes de agosto: Cupido y Psique,
de Antonio Canova (1757-1822). Con el programa GIMP he recortado las figuras y las he pegado sobre un fondo negro.
sábado, 16 de octubre de 2010
AMOR Y GUERRA, OTRA VEZ
"El matrimonio es como la vida real: un campo de batalla y no un lecho de rosas."
Robert Luis Stevenson
A propósito de esto, una película genial: La Guerra de los Rose (con unas cuantas frases de Michael Douglas y Danny de Vito que quitan el hipo).
lunes, 11 de octubre de 2010
SUMISIÓN
"El amante sitia a la Dama. Se lanza a amorosos asaltos a su virtud. La acosa, la persigue, intenta vencer las últimas defensas de su pudor, y tomarlas por sorpresa; finalmente, la Dama se rinde incondicionalmente. Pero entonces, por una curiosa inversión muy típica de la cortesía, es el amante quien será su prisionero. Se convertirá en vasallo de esa señora según la regla de las guerras feudales, exactamente como si fuese él quien hubiese experimentado la derrota."
Denis de Rougemont: El Amor y Occidente, Barcelona, Kairós, 1979, pág.249
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sábado, 9 de octubre de 2010
AMOR Y GUERRA, UNA VEZ MÁS
"Igual que la pasión, el gusto por la guerra procede de una concepción de la vida ardiente que es una máscara del deseo de muerte."
Denis de Rougemont: El Amor y Occidente, Barcelona, Kairós, 1979, pág. 320
FELICIDAD Y MATRIMONIO
"La felicidad, repiten las prédicas de las revistas, depende de esto, exige aquello; y esto o aquello es siempre algo que hay que adquirir, con dinero las más de las veces. El resultado de esa propaganda es a la vez obsesionarnos con la idea de una felicidad frágil y hacernos inaptos para poseerla. Pues todo lo que nos proponen nos introduce en el mundo de la comparación, en el que ninguna felicidad podría ser establecida mientras el hombre no sea Dios. La felicidad es una Eurídice: se la pierde en el momento en que se pretende agarrarla. No puede vivir más que en la aceptación, y muere en la reivindicación. [...]
Fundamentar el matrimonio en semejante "felicidad" supone por parte de los modernos una capacidad de aburrimiento casi morbosa, o la intención secreta de hacer trampas. Es probable que esa intención o esa esperanza expliquen en parte la felicidad con que la gente se casa aun "sin creer en el matrimonio". El sueño de la pasión posible actúa como una distracción permanente, anestesiando las rebeliones del aburrimiento. [...]
O el aburrimiento resignado o la pasión: ese es el dilema que introduce en nuestras vidas la idea moderna de felicidad."
Fundamentar el matrimonio en semejante "felicidad" supone por parte de los modernos una capacidad de aburrimiento casi morbosa, o la intención secreta de hacer trampas. Es probable que esa intención o esa esperanza expliquen en parte la felicidad con que la gente se casa aun "sin creer en el matrimonio". El sueño de la pasión posible actúa como una distracción permanente, anestesiando las rebeliones del aburrimiento. [...]
O el aburrimiento resignado o la pasión: ese es el dilema que introduce en nuestras vidas la idea moderna de felicidad."
Denis de Rougemont: El Amor y Occidente, Barcelona, Kairós, 1979, págs. 282-3
AMOR Y MATRIMONIO
"Estas son las fuerzas presentes: por una parte, una moral de la especie y de la sociedad en general, pero más o menos impregnada de religión; es lo que se llama la moral burguesa; por otra, una moral inspirada por el ambiente cultural, literario, artístico; es la moral pasional o novelesca. Todos los adolescentes de la burguesía occidental son criados en la idea del matrimonio, pero al mismo tiempo están bañados en una atmósfera romántica mantenida por sus lecturas, por los espectáculos y por mil alusiones cotidianas, en las cuales se subentiende poco más o menos que la pasión es la prueba suprema, que todo hombre debe un día conocerla y que la vida sólo puede ser vivida plenamente por los que "pasaron por ahí". Y la pasión y el matrimonio son por esencia incompatibles. Sus orígenes y sus finalidades se excluyen. De su coexistencia en nuestras vidas surgen interminablemente problemas insolubles y ese conflicto amenaza permanentemente a todas nuestras "seguridades" sociales."
Pág. 279
Pág. 279
Denis de Rougemont: El Amor y Occidente, Barcelona, Kairós, 1979
AMOR Y GUERRA, DE NUEVO
"Nuestra noción del amor, que envuelve a la que tenemos de la mujer, se encuentra vinculada a una noción de sufrimiento fecundo que halaga o legitima oscuramente, en lo más secreto de la conciencia occidental, el gusto por la guerra. Pág. 247.
Ya desde loa antigüedad, los poetas han utilizado metáforas guerreras para describir los efectos del amor natural. El dios del amor es un arquero que dispara flechas mortales. La mujer se rinde al hombre que la conquista porque es el mejor guerrero. Lo que está en juego en la guerra de Troya es la posesión de una mujer. Una de las más antiguas novelas que poseamos, el Teágenes y Cariclea de Heliodoro (siglo III) habla ya de las "luchas de amor" y de la deliciosa derrota de aquel "que cae bajo los dardos inevitables de Eros".
Todo esto confirma el vínculo natural, es decir, psicológico, del instinto sexual y del instinto combativo."
Pág. 248.
Ya desde loa antigüedad, los poetas han utilizado metáforas guerreras para describir los efectos del amor natural. El dios del amor es un arquero que dispara flechas mortales. La mujer se rinde al hombre que la conquista porque es el mejor guerrero. Lo que está en juego en la guerra de Troya es la posesión de una mujer. Una de las más antiguas novelas que poseamos, el Teágenes y Cariclea de Heliodoro (siglo III) habla ya de las "luchas de amor" y de la deliciosa derrota de aquel "que cae bajo los dardos inevitables de Eros".
Todo esto confirma el vínculo natural, es decir, psicológico, del instinto sexual y del instinto combativo."
Pág. 248.
Denis de Rougemont: El Amor y Occidente, Barcelona, Kairós, 1979
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sábado, 2 de octubre de 2010
PASIÓN = SUFRIMIENTO
pasión < lat. passio < patior "sufrir"
πάθος: sufrimiento (πάσχω "sufrir"); pasión
Gracias, Javier, por pasarme este libro. Es una auténtica mina que te abre los ojos.
Denis de Rougemont: El Amor y Occidente, Barcelona, Kairós, 1979
La concordancia entre amor y muerte despierta en nosotros las más profundas resonancias. Pág. 15
Amor y muerte, amor mortal: si no es toda la poesía, es al menos todo lo que hay de popular.
Lo que exalta el lirismo occidental no es el placer de los sentidos ni la paz fecunda de la pareja. Es menos el amor colmado que la pasión de amor. Y pasión significa sufrimiento.
En "pasión" ya no vemos "lo que sufre", sino "lo que es apasionante". Y sin embargo, la pasión de amor significa, de hecho, una desgracia. Pág.16
Necesitamos de un mito para expresar el hecho oscuro e inconfesable de que la pasión está vinculada con la muerte y que supone la destrucción para quienes abandonan a ella todas sus fuerzas. Queremos salvar esa pasión y amamos esa desgracia, y, por otra parte, nuestras morales oficiales y nuestra razón las condenan. Pág. 20
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viernes, 1 de octubre de 2010
CAMINO DE AMOR Y MUERTE
En realidad, Caléndula, la asociación entre amor y muerte no se me ocurrió a mí, sino que la leí en esta entrevista de El País: "Camino sigue la aventura de la niña Camino, que, a sus 11 años, se enfrenta a dos acontecimientos opuestos y nuevos para ella: enamorarse y morir." Yo creo que si la película conmueve tanto, es porque nos mete simultáneamente en esas dos experiencias tan intensas en la vida del ser humano, las dos más intensas, diría yo.
Éste es el extracto de mi comentario a la película, un poco pedante, pero paso de modificarlo ahora:
Termino con esta cita de El amor en la Edad Media: la carne, el sexo y el sentimiento, de Jean Verdon:
"El arte de amar no radica tanto en los mandamientos enunciados por el dios de amor cuanto en el carácter inconcluso de la conquista; el amor debe permanecer insatisfecho."
Éste es el extracto de mi comentario a la película, un poco pedante, pero paso de modificarlo ahora:
Entre esas lecturas me interesa destacar, más allá de la consabida reflexión sobre los diversos modos de arrostrar la desgracia, y más allá de la polémica sobre el Opus, una idea que corre pareja con todo eso desde el arranque de la historia, en el Retiro, hasta el mismo final, en el hospital de Pamplona y, acto seguido, en la casa, adonde Gloria regresa sin nada, salvo la grabación con los recuerdos familiares. Me refiero al anhelo, a ese permanente deseo insatisfecho que sucesivamente irá adoptando diversas formas: Cuco, el vestido rojo, el papel de Cenicienta en la obra del centro cultural, la ansiada visita de los compañeros de clase, la carta, el viaje a "Viena", el regreso del padre a Pamplona con el vestido y la carta.
Lejos de lo que cabría esperar de un director que se define a sí mismo como persona jovial y llena de optimismo, Fesser salva la tentación de ir retrasando hasta el final la apertura de esa cajita llena de bombones, a lo Amelie, esa cajita que hace las delicias de las personas que se niegan a aceptar la realidad. En vez de ello, sucede que aquí el anhelo se presenta una y otra vez cual inmisericorde flagelo que se recrea martirizando a los personajes, especialmente a Camino, y dejándonos a los espectadores una y otra vez con la miel en los labios. La única concesión que al respecto se hace a la protagonista y al espectador, y no sólo al final, se llama fantasía, y en este contexto se sitúan y justifican esas imágenes oníricas que tanto repelen a algunos.
Termino con esta cita de El amor en la Edad Media: la carne, el sexo y el sentimiento, de Jean Verdon:
"El arte de amar no radica tanto en los mandamientos enunciados por el dios de amor cuanto en el carácter inconcluso de la conquista; el amor debe permanecer insatisfecho."
miércoles, 29 de septiembre de 2010
ENERGÍA CAÓTICA
"Esta visión de Eros como el hijo mono pero problemático de Afrodita es tardía, y cuando comenzamos a indagar en su linaje, encontramos algo muy diferente de nuestro Cupido de las tarjetas de felicitación, algo más aterrador y monstruoso, algo más próximo a lo que Medea experimenta cuando el muchacho deja las serenas y gozosas estancias del Olimpo y entra en nuestro mundo de caos y muerte.
Incluso los más antropomórficos padres de Eros que le atribuye por primera vez Simónides, Afrodita y Ares, huelen a desorden y violencia, pues Ares desde luego es el dios de la guerra, el más odioso de los dioses, y transfiere a su hijo algo de su marcial poder destructivo.
Aunque unimos sexo y violencia cuando nos quejamos de la degeneración de la televisión, los vemos como realidades opuestas. Los griegos eran más inteligentes. Veían el sexo y la violencia como dos caras de la misma moneda irracional, que se penetran e intensifican mutuamente, creando una violencia sexual que explotaba en una profunda destrucción y desorden, una doble energía caótica que amenazaba los cimientos de la cultura y la identidad humanas.
Nuestra idealización de la sexualidad, inspirada en el Romanticismo, como una fuerza de liberación personal y autorrealización chocaría a la mayoría de los griegos, que la verían como una peligrosa locura y falsa ilusión."
Incluso los más antropomórficos padres de Eros que le atribuye por primera vez Simónides, Afrodita y Ares, huelen a desorden y violencia, pues Ares desde luego es el dios de la guerra, el más odioso de los dioses, y transfiere a su hijo algo de su marcial poder destructivo.
Aunque unimos sexo y violencia cuando nos quejamos de la degeneración de la televisión, los vemos como realidades opuestas. Los griegos eran más inteligentes. Veían el sexo y la violencia como dos caras de la misma moneda irracional, que se penetran e intensifican mutuamente, creando una violencia sexual que explotaba en una profunda destrucción y desorden, una doble energía caótica que amenazaba los cimientos de la cultura y la identidad humanas.
Nuestra idealización de la sexualidad, inspirada en el Romanticismo, como una fuerza de liberación personal y autorrealización chocaría a la mayoría de los griegos, que la verían como una peligrosa locura y falsa ilusión."
THORNTON, B. S., Eros: the myth of ancient Greek sexuality, Westview Press, 1997
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domingo, 19 de septiembre de 2010
¿CON QUÉ SE RELACIONA EL AMOR? 2
"Todos sabemos que el amor humano es inseparable de la sexualidad."
MÁXIMO BRIOSO SÁNCHEZ, Las alas del placer. Las riberas del Mediterráneo bajo las flechas de Eros, Madrid, Ediciones Clásicas, 2004, pág. 83
"Erotismo y sexualidad son conceptos que se expresan sobre todo en el arte y en la literatura, pero que no son ajenos a la religión, las relaciones sociales, la política, la guerra y tantos otros aspectos de la vida pública y privada."
AURELIO PÉREZ JIMÉNEZ & Mª CRUZ SALCEDO PARRONDO, Op. cit., pág. 11
MÁXIMO BRIOSO SÁNCHEZ, Las alas del placer. Las riberas del Mediterráneo bajo las flechas de Eros, Madrid, Ediciones Clásicas, 2004, pág. 83
"Erotismo y sexualidad son conceptos que se expresan sobre todo en el arte y en la literatura, pero que no son ajenos a la religión, las relaciones sociales, la política, la guerra y tantos otros aspectos de la vida pública y privada."
AURELIO PÉREZ JIMÉNEZ & Mª CRUZ SALCEDO PARRONDO, Op. cit., pág. 11
sábado, 18 de septiembre de 2010
ENSAYO 4
Título estándar con verso de Propercio (2.25.27) superpuesto a una imagen de Zéfiro y Psique de Henri-Joseph Ruxthiel (1775-1837) que tomé en el Louvre. La imagen está recortada con GIMP y combinada con un fondo negro. Tengo que mejorar los contornos, retocándolos y difuminándolos:
"engañan en el amor, falaces, los soplos favorables"
mendaces ludunt flatus in amore secundi
"engañan en el amor, falaces, los soplos favorables"
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miércoles, 15 de septiembre de 2010
¿CON QUÉ SE RELACIONA EL AMOR?
Fue Safo la primera en llamar a eros “agridulce”. Nadie que haya estado enamorado se lo discute. ¿Qué significa la palabra?
Eros le parecía a Safo una experiencia al mismo tiempo de placer y de dolor. Aquí hay una contradicción y tal vez una paradoja. Percibir este eros puede escindir la mente en dos. ¿Por qué? Los componentes de la contradicción pueden parecer, a primera vista, obvios. Damos por sentada, como hacía Safo, la dulzura del deseo erótico; su condición de placentero nos sonríe. Pero el amargor es menos obvio. Podría haber varias razones para que lo dulce sea también amargo. Puede haber varias relaciones entre los dos sabores. Los poetas han abordado el tema de dos maneras diferentes. La propia formulación de Safo es un buen punto en el que comenzar a trazar las posibilidades. El fragmento que nos interesa dice:
Es difícil traducirlo. “Dulce y agrio” suena mal, si bien nuestra traducción “agridulce” invierte los verdaderos términos del compuesto sáfico glukupikron. ¿Debería eso importarnos? Si el orden de los términos tiene una intención descriptiva, el texto indica que eros trae dulzura y a continuación amargor: Safo trata la cuestión cronológicamente. La mayor parte de las experiencias de un amante confirmaría esta cronología, especialmente en la poesía, donde el amor casi siempre acaba mal. Pero es improbable que Safo quisiera decir eso. Su poema comienza con una localización dramática de la situación erótica en el tiempo (dēute) y fija la acción erótica en el presente de indicativo (donei). No está narrando una historia de amor sino el instante del deseo. Un momento se tambalea bajo la presión de Eros; un estado mental se escinde en dos. Estamos ante una simultaneidad de placer y dolor. El aspecto placentero aparece nombrado en primer lugar, podemos presumir, porque es menos sorprendente. El énfasis recae en la otra cara problemática del fenómeno, cuyos atributos se suceden en una cascada de consonantes suaves (verso 2). Eros avanza o se arrastra sobre su víctima desde un lugar externo a ella: orpeton. Ninguna batalla sirve para detener ese avance: amachanon. El deseo, por tanto, no habita en ni se alía con la que desea. Ajeno a su voluntad, se abalanza de manera irresistible sobre ella desde el exterior. Eros es un enemigo. Su amargor debe ser el sabor de la enemistad. Es decir, del odio.
“Amar a tus amigos y odiar a tus enemigos” es un conocido precepto de la moral arcaica. El amor y el odio construyen conjuntamente la maquinaria del contacto humano. ¿Tiene sentido situar los dos polos de este afecto dentro del único acto emocional de eros? Presumiblemente, sí, si el amigo y el enemigo convergen en el ser que los origina. La convergencia crea una paradoja, pero una paradoja que ya es casi un cliché para la moderna imaginación literaria. “Y el odio comienza donde acaba el amor…” susurra Anna Karenina mientras parte para la Estación de Moscú y el fin del dilema del deseo. De hecho, la paradoja erótica es un problema que antecede al propio Eros. La hallamos representada en las murallas de Troya, en una escena entre Helena y Afrodita. El encuentro es tan agudo como paradigmático. Homero nos muestra a Helena, encarnación del deseo, harta de las imposiciones de eros y desafiando una orden de Afrodita para atender el lecho de Paris. La diosa del amor responde airada, esgrimiendo como arma una paradoja erótica:
Helena obedece al punto; el amor y el odio en combinación constituyen un irresistible enemigo. La simultaneidad de amargor y dulzura que nos asusta en el adjetivo sáfico glukupikron es presentada de manera distinta en el poema de Homero. La convención épica representa los estados interiores del sentimiento en una clave dinámica y lineal, de modo que una mente dividida puede ser leída a partir de una secuencia de acciones antitéticas. No obstante, Homero y Safo coinciden al presentar a la divinidad del deseo como un ser ambivalente, al mismo tiempo amigo y enemigo, que da cuenta de la experiencia erótica con una paradoja emocional.
Eros también aparece en otros géneros y poetas como paradoja de amor y odio. Aristófanes, por ejemplo, nos cuenta que el joven Alcibíades, seductor y libertino, era capaz de inspirar en el dēmos griego un sentimiento parecido a la pasión del amante:
En el Agamenón de Esquilo, se describe a Menelao dando vueltas por su palacio vacío tras la marcha de Helena. Las habitaciones parecen poseídas por ella; él se detiene en su alcoba y llora por “los surcos del amor en la cama” (411). No hay duda de que es deseo lo que siente (pothos, 414), pero también el odio se filtra para llenar el vacío (echthetai):
Amor y odio constituyen igualmente un objeto para el epigrama helenístico. El requerimiento de Nicarco a su amado es típico:
El epigrama de Catulo es tal vez la destilación más elegante de este cliché:
Eros le parecía a Safo una experiencia al mismo tiempo de placer y de dolor. Aquí hay una contradicción y tal vez una paradoja. Percibir este eros puede escindir la mente en dos. ¿Por qué? Los componentes de la contradicción pueden parecer, a primera vista, obvios. Damos por sentada, como hacía Safo, la dulzura del deseo erótico; su condición de placentero nos sonríe. Pero el amargor es menos obvio. Podría haber varias razones para que lo dulce sea también amargo. Puede haber varias relaciones entre los dos sabores. Los poetas han abordado el tema de dos maneras diferentes. La propia formulación de Safo es un buen punto en el que comenzar a trazar las posibilidades. El fragmento que nos interesa dice:
Ἔρος δἦυτέ μ’ ὀ λυσιμέλης δόνει
γλυκύπικρον ἀμάχανον ὄρπετον
De nuevo Eros, que desata los miembros, me hace estremecerme,
esa pequeña bestia agridulce, contra la que no hay quien se defienda.
Es difícil traducirlo. “Dulce y agrio” suena mal, si bien nuestra traducción “agridulce” invierte los verdaderos términos del compuesto sáfico glukupikron. ¿Debería eso importarnos? Si el orden de los términos tiene una intención descriptiva, el texto indica que eros trae dulzura y a continuación amargor: Safo trata la cuestión cronológicamente. La mayor parte de las experiencias de un amante confirmaría esta cronología, especialmente en la poesía, donde el amor casi siempre acaba mal. Pero es improbable que Safo quisiera decir eso. Su poema comienza con una localización dramática de la situación erótica en el tiempo (dēute) y fija la acción erótica en el presente de indicativo (donei). No está narrando una historia de amor sino el instante del deseo. Un momento se tambalea bajo la presión de Eros; un estado mental se escinde en dos. Estamos ante una simultaneidad de placer y dolor. El aspecto placentero aparece nombrado en primer lugar, podemos presumir, porque es menos sorprendente. El énfasis recae en la otra cara problemática del fenómeno, cuyos atributos se suceden en una cascada de consonantes suaves (verso 2). Eros avanza o se arrastra sobre su víctima desde un lugar externo a ella: orpeton. Ninguna batalla sirve para detener ese avance: amachanon. El deseo, por tanto, no habita en ni se alía con la que desea. Ajeno a su voluntad, se abalanza de manera irresistible sobre ella desde el exterior. Eros es un enemigo. Su amargor debe ser el sabor de la enemistad. Es decir, del odio.
“Amar a tus amigos y odiar a tus enemigos” es un conocido precepto de la moral arcaica. El amor y el odio construyen conjuntamente la maquinaria del contacto humano. ¿Tiene sentido situar los dos polos de este afecto dentro del único acto emocional de eros? Presumiblemente, sí, si el amigo y el enemigo convergen en el ser que los origina. La convergencia crea una paradoja, pero una paradoja que ya es casi un cliché para la moderna imaginación literaria. “Y el odio comienza donde acaba el amor…” susurra Anna Karenina mientras parte para la Estación de Moscú y el fin del dilema del deseo. De hecho, la paradoja erótica es un problema que antecede al propio Eros. La hallamos representada en las murallas de Troya, en una escena entre Helena y Afrodita. El encuentro es tan agudo como paradigmático. Homero nos muestra a Helena, encarnación del deseo, harta de las imposiciones de eros y desafiando una orden de Afrodita para atender el lecho de Paris. La diosa del amor responde airada, esgrimiendo como arma una paradoja erótica:
μή μ’ ἔρεθε σχετλίη, μὴ χωσαμένη σε μεθείω,
τὼς δέ σ’ ἀπεχθήρω ὡς νῦν ἔκπαγλ’ ἐφίλησα
¡No me irrites, desgraciada! No sea que, enojándome, te abandone
y te aborrezca de modo tan extraordinario como hasta aquí te amé
(Il. 3.414-15)
Helena obedece al punto; el amor y el odio en combinación constituyen un irresistible enemigo. La simultaneidad de amargor y dulzura que nos asusta en el adjetivo sáfico glukupikron es presentada de manera distinta en el poema de Homero. La convención épica representa los estados interiores del sentimiento en una clave dinámica y lineal, de modo que una mente dividida puede ser leída a partir de una secuencia de acciones antitéticas. No obstante, Homero y Safo coinciden al presentar a la divinidad del deseo como un ser ambivalente, al mismo tiempo amigo y enemigo, que da cuenta de la experiencia erótica con una paradoja emocional.
Eros también aparece en otros géneros y poetas como paradoja de amor y odio. Aristófanes, por ejemplo, nos cuenta que el joven Alcibíades, seductor y libertino, era capaz de inspirar en el dēmos griego un sentimiento parecido a la pasión del amante:
ποθεῖ μέν, ἐχθαίρει δέ, βούλεται δ’ ἔχειν
pues lo aman y lo odian, y quieren poseerlo
En el Agamenón de Esquilo, se describe a Menelao dando vueltas por su palacio vacío tras la marcha de Helena. Las habitaciones parecen poseídas por ella; él se detiene en su alcoba y llora por “los surcos del amor en la cama” (411). No hay duda de que es deseo lo que siente (pothos, 414), pero también el odio se filtra para llenar el vacío (echthetai):
εὐμόρφων δὲ κολοσσῶν
ἔχθεται χάρις ἀνδρί·
“la gracia de las bellas estatuas le resulta odiosa al marido”
(Ag. 414-19)
Amor y odio constituyen igualmente un objeto para el epigrama helenístico. El requerimiento de Nicarco a su amado es típico:
εἴ με φιλεῖς, μισεῖς με· καὶ εἰ μισεῖς, σὺ φιλεῖς με
si me quieres, me odias, y si me odias, me quieres
El epigrama de Catulo es tal vez la destilación más elegante de este cliché:
Odi et amo. quare id faciam, fortasse requiris.
nescio, sed fieri sentio et excrucior.
Odio y amo. Quizá me preguntes por qué actúo así.
No lo sé, pero siento que es así y sufro.
(Catulo 85)
CARSON, ANN: Eros, the bittersweet: an essay, Princeton, Princeton University Press, 1988, págs. 3-6
CARSON, ANN: Eros, the bittersweet: an essay, Princeton, Princeton University Press, 1988, págs. 3-6
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