Compartir el propio espacio corporal interior con otro para comunicar seguridad y fuerza es, por supuesto, prerrogativa femenina, de la que son ejemplos paradigmáticos las relaciones sexuales humanas y el embarazo. Los machos no son anatómicamente adecuados para esta absorción creativa de la agresión y su transformación en vida."
WALTER J. ONG, La lucha por la vida. Contestación, sexualidad y conciencia, Madrid, Aguilar, 1982, págs. 28 y 31


