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martes, 14 de diciembre de 2010

EL AMOR, AGRESIÓN PERMITIDA

"Etimológicamente, agresión significa «andar o subir hacia»: ad (hacia, a) más gradi (subir, andar). «Agresión» es, así, básicamente, un término territorial conectado con la existencia corporal y la consecuente ocupación de espacio: significa salir del propio espacio e invadir el de otro. [...] En la mayor parte de los mamíferos, aves, reptiles y gran número de animales inferiores, cada individuo lleva a su alrededor una especie de zona de amortiguación psicológica llamada distancia individual o distancia social (Edward O. WILSON, 1975: 257): cualquier otro individuo que se aproxime hasta invadir esa zona es atacado inmediatamente. [...]

Compartir el propio espacio corporal interior con otro para comunicar seguridad y fuerza es, por supuesto, prerrogativa femenina, de la que son ejemplos paradigmáticos las relaciones sexuales humanas y el embarazo. Los machos no son anatómicamente adecuados para esta absorción creativa de la agresión y su transformación en vida."

WALTER J. ONG, La lucha por la vida. Contestación, sexualidad y conciencia, Madrid, Aguilar, 1982, págs. 28 y 31





jueves, 9 de diciembre de 2010

LA BASE BIOLÓGICA DEL AMOR COMO CONFLICTO

De nuevo gracias, Javier. Literatura de altos vuelos:

 "Todo lo que tiene importancia viene en parejas y está en conflicto. (Morris Freilich)

Casi asusta el modo en que las cosas vienen a pares. (Robert Frost)

Una cosa sin oposición ipso facto no existe. (Charles Sanders Peirce)."

"Otros dos libros semipopulares ampliamente leídos, On Aggression (1966), de Konrad LORENZ, ganador del Premio Nobel, y The Territorial Imperative, del escritor independiente Robert ARDREY, han tratado la conducta animal con mayor detalle, familiarizando al público educado en general con los elaborados modelos agonísticos desarrollados en la conducta animal, y pretendiendo que el pasado evolutivo de la Humanidad ha programado genéticamente a la especie para la guerra."

WALTER J. ONG, La lucha por la vida. Contestación, sexualidad y conciencia, Madrid, Aguilar, 1982, pág. 8