viernes, 1 de octubre de 2010

CAMINO DE AMOR Y MUERTE

En realidad, Caléndula, la asociación entre amor y muerte no se me ocurrió a mí, sino que la leí en esta entrevista de El País: "Camino sigue la aventura de la niña Camino, que, a sus 11 años, se enfrenta a dos acontecimientos opuestos y nuevos para ella: enamorarse y morir." Yo creo que si la película conmueve tanto, es porque nos mete simultáneamente en esas dos experiencias tan intensas en la vida del ser humano, las dos más intensas, diría yo.


Éste es el extracto de mi comentario a la película, un poco pedante, pero paso de modificarlo ahora:

Entre esas lecturas me interesa destacar, más allá de la consabida reflexión sobre los diversos modos de arrostrar la desgracia, y más allá de la polémica sobre el Opus, una idea que corre pareja con todo eso desde el arranque de la historia, en el Retiro, hasta el mismo final, en el hospital de Pamplona y, acto seguido, en la casa, adonde Gloria regresa sin nada, salvo la grabación con los recuerdos familiares. Me refiero al anhelo, a ese permanente deseo insatisfecho que sucesivamente irá adoptando diversas formas: Cuco, el vestido rojo, el papel de Cenicienta en la obra del centro cultural, la ansiada visita de los compañeros de clase, la carta, el viaje a "Viena", el regreso del padre a Pamplona con el vestido y la carta.


Lejos de lo que cabría esperar de un director que se define a sí mismo como persona jovial y llena de optimismo, Fesser salva la tentación de ir retrasando hasta el final la apertura de esa cajita llena de bombones, a lo Amelie, esa cajita que hace las delicias de las personas que se niegan a aceptar la realidad. En vez de ello, sucede que aquí el anhelo se presenta una y otra vez cual inmisericorde flagelo que se recrea martirizando a los personajes, especialmente a Camino, y dejándonos a los espectadores una y otra vez con la miel en los labios. La única concesión que al respecto se hace a la protagonista y al espectador, y no sólo al final, se llama fantasía, y en este contexto se sitúan y justifican esas imágenes oníricas que tanto repelen a algunos.



Termino con esta cita de El amor en la Edad Media: la carne, el sexo y el sentimiento, de Jean Verdon:

"El arte de amar no radica tanto en los mandamientos enunciados por el dios de amor cuanto en el carácter inconcluso de la conquista; el amor debe permanecer insatisfecho."

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