sábado, 12 de febrero de 2011

GUÍA DEL DOCUMENTAL (7): EL FUEGO



El Lenguaje Del Amor                                                            

Amor fugit ("El amor huye"), de Rodin (1885).
La obra es una versión de un motivo escultórico ya visto en capítulos anteriores, el de los amantes transportados por el viento: los dos cuerpos, acrobáticamente enganchados, parecen arrastrados por invisibles flujos contrarios. Al mismo tiempo, recuerda el beso del Amor a Psique, de Canova, por la tensa pose de la mujer, que se extiende boca abajo y eleva la cabeza y los brazos en el aire, con el torso arqueado hacia atrás, mientras su amante contrarresta esta tensión encaramándose en posición supina a su espalda, para agarrarle rudamente el cuello y el pecho.

Eros quemando una mariposa, figurilla de terracota hallada en Mirina (Turquía), siglo I a. C.
El dios, excepcionalmente representado con una capa, sostiene con la mano izquierda una mariposa que acerca a una llama de un pequeño altar, mientras con la derecha le oculta su mirada de regocijo, que dirige al espectador. Este gesto recuerda el de los Amores secretos, silenciadores y amenazadores.

Soledad, de Leighton (c. 1890).

Zéfiro y Psique, de Ruxthiel.
Fotografía tomada en el Museo del Louvre. El viento del Oeste, Zéfiro, lleva en volandas al Alma, que se muestra extasiada. Le aguarda el Amor en su palacio de oro. No obstante, el Alma presiente su caída: su cuerpo se retuerce en dirección opuesta a la del viento, como si se sintiera abducida, más que conducida. La impresión de vuelo es lograda por el artista por medio de un inteligente equilibrio de masas y de un sutil tallado del ropaje.

Eros quemando una mariposa, figurilla de terracota hallada en Mirina (Turquía), siglo I a. C.
Variante de la obra vista anteriormente: Eros lleva alas y no sonríe.

 El Amor jugando con una mariposa, de Chaudet/Cartellier.
Fotografías tomadas en el Museo del Louvre. El amor es un juego infantil, a lo sumo adolescente, en apariencia inocente, acompañado de sonrisas, como la que exhibe aquí el dios, pero en realidad es un preludio de una larga serie de tormentos, parte de los cuales representa el autor en el pedestal, como ya vimos en capítulos anteriores.

Dánae, de Antonio Allegri Da Correggio (1531).
Mientras Zeus se une a Dánae convirtiéndose en lluvia de oro, dos Amorcillos (sólo uno de ellos alado) afilan una flecha de oro que han extraído de la aljaba (representada junto al borde inferior del cuadro).

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