Mostrando entradas con la etiqueta Eros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Eros. Mostrar todas las entradas

lunes, 13 de diciembre de 2010

RESISTENCIA TAMBIÉN ES LOCURA

Quien con Eros se enfrenta de cerca, como un púgil, no razona con cordura.

Ἔρωτι μέν νυν ὅστις ἀντανίσταται
πύκτης ὅπως ἐς χεῖρας, οὐ καλῶς φρονεῖ
 
Sófocles, Τraquinias 441-2

miércoles, 24 de noviembre de 2010

ESPERANZA INGENUA

Amor cruel, ¡ojalá pueda ver rotas las flechas, tus armas, y apagadas las antorchas, si es posible! Tú atormentas a un desdichado, tú me obligas a lanzar imprecaciones contra mí mismo y a blasfemar alocadamente. Ya habría acabado con mis desgracias suicidándome, pero Esperanza ingenua alienta mi vida y siempre dice que será mejor el mañana.

acer Amor, fractas utinam tua tela sagittas,
    si licet, extinctas aspiciamque faces!
tu miserum torques, tu me mihi dira precari
    cogis et insana mente nefanda loqui.
iam mala finissem leto, sed credula uitam
    Spes fouet et fore cras semper ait melius.

Tibulo, Elegías 2.6

El motivo de la antorcha apagada está relacionado con el de Eros dormido: en la primera de estas circunstancias es posible librarse de uno de los tormentos del Amor, en la segunda escapar del Amor mismo. Dos fotografías que tomé durante el viaje, en el Palazzo Massimo de Roma y en el Museo del Ágora, en Atenas:


domingo, 21 de noviembre de 2010

EL AMOR EN LA VEJEZ

Iré subiendo a partir de hoy los pasajes que no han tenido cabida en el montaje, tanto de obras literarias antiguas como de estudios y ensayos modernos.

Otra vez Eros, mirándome lánguidamente con sus ojos bajo sus párpados oscuros, con mil incitaciones me empuja dentro de la red inextricable de Afrodita. Le temo según viene, igual que un caballo sufridor del yugo que compite en los Juegos a la vejez mal de su grado con el carro veloz entra en la carrera. 

Íbico, 287

Traducción de Francisco Rodríguez Adrados

miércoles, 10 de noviembre de 2010

AMOR SECRETO

Antonio Rossetti, Amor Secreto, 1876, en la Walker Art Gallery de Liverpool:


domingo, 19 de septiembre de 2010

¿CON QUÉ SE RELACIONA EL AMOR? 2

"Todos sabemos que el amor humano es inseparable de la sexualidad."

MÁXIMO BRIOSO SÁNCHEZ, Las alas del placer. Las riberas del Mediterráneo bajo las flechas de Eros, Madrid, Ediciones Clásicas, 2004, pág. 83


"Erotismo y sexualidad son conceptos que se expresan sobre todo en el arte y en la literatura, pero que no son ajenos a la religión, las relaciones sociales, la política, la guerra y tantos otros aspectos de la vida pública y privada."

AURELIO PÉREZ JIMÉNEZ & Mª CRUZ SALCEDO PARRONDO, Op. cit., pág. 11

miércoles, 15 de septiembre de 2010

¿CON QUÉ SE RELACIONA EL AMOR?

Fue Safo la primera en llamar a eros “agridulce”. Nadie que haya estado enamorado se lo discute. ¿Qué significa la palabra?

Eros le parecía a Safo una experiencia al mismo tiempo de placer y de dolor. Aquí hay una contradicción y tal vez una paradoja. Percibir este eros puede escindir la mente en dos. ¿Por qué? Los componentes de la contradicción pueden parecer, a primera vista, obvios. Damos por sentada, como hacía Safo, la dulzura del deseo erótico; su condición de placentero nos sonríe. Pero el amargor es menos obvio. Podría haber varias razones para que lo dulce sea también amargo. Puede haber varias relaciones entre los dos sabores. Los poetas han abordado el tema de dos maneras diferentes. La propia formulación de Safo es un buen punto en el que comenzar a trazar las posibilidades. El fragmento que nos interesa dice:

Ἔρος δἦυτέ μ’ ὀ λυσιμέλης δόνει
γλυκύπικρον ἀμάχανον ὄρπετον

De nuevo Eros, que desata los miembros, me hace estremecerme,
esa pequeña bestia agridulce, contra la que no hay quien se defienda.

(LP, fr. 130)


Es difícil traducirlo. “Dulce y agrio” suena mal, si bien nuestra traducción “agridulce” invierte los verdaderos términos del compuesto sáfico glukupikron. ¿Debería eso importarnos? Si el orden de los términos tiene una intención descriptiva, el texto indica que eros trae dulzura y a continuación amargor: Safo trata la cuestión cronológicamente. La mayor parte de las experiencias de un amante confirmaría esta cronología, especialmente en la poesía, donde el amor casi siempre acaba mal. Pero es improbable que Safo quisiera decir eso. Su poema comienza con una localización dramática de la situación erótica en el tiempo (dēute) y fija la acción erótica en el presente de indicativo (donei). No está narrando una historia de amor sino el instante del deseo. Un momento se tambalea bajo la presión de Eros; un estado mental se escinde en dos. Estamos ante una simultaneidad de placer y dolor. El aspecto placentero aparece nombrado en primer lugar, podemos presumir, porque es menos sorprendente. El énfasis recae en la otra cara problemática del fenómeno, cuyos atributos se suceden en una cascada de consonantes suaves (verso 2). Eros avanza o se arrastra sobre su víctima desde un lugar externo a ella: orpeton. Ninguna batalla sirve para detener ese avance: amachanon. El deseo, por tanto, no habita en ni se alía con la que desea. Ajeno a su voluntad, se abalanza de manera irresistible sobre ella desde el exterior. Eros es un enemigo. Su amargor debe ser el sabor de la enemistad. Es decir, del odio.

“Amar a tus amigos y odiar a tus enemigos” es un conocido precepto de la moral arcaica. El amor y el odio construyen conjuntamente la maquinaria del contacto humano. ¿Tiene sentido situar los dos polos de este afecto dentro del único acto emocional de eros? Presumiblemente, sí, si el amigo y el enemigo convergen en el ser que los origina. La convergencia crea una paradoja, pero una paradoja que ya es casi un cliché para la moderna imaginación literaria. “Y el odio comienza donde acaba el amor…” susurra Anna Karenina mientras parte para la Estación de Moscú y el fin del dilema del deseo. De hecho, la paradoja erótica es un problema que antecede al propio Eros. La hallamos representada en las murallas de Troya, en una escena entre Helena y Afrodita. El encuentro es tan agudo como paradigmático. Homero nos muestra a Helena, encarnación del deseo, harta de las imposiciones de eros y desafiando una orden de Afrodita para atender el lecho de Paris. La diosa del amor responde airada, esgrimiendo como arma una paradoja erótica:

μή μ’ ἔρεθε σχετλίη, μὴ χωσαμένη σε μεθείω,
τὼς δέ σ’ ἀπεχθήρω ὡς νῦν ἔκπαγλ’ ἐφίλησα

¡No me irrites, desgraciada! No sea que, enojándome, te abandone
y te aborrezca de modo tan extraordinario como hasta aquí te amé

(Il. 3.414-15)


Helena obedece al punto; el amor y el odio en combinación constituyen un irresistible enemigo. La simultaneidad de amargor y dulzura que nos asusta en el adjetivo sáfico glukupikron es presentada de manera distinta en el poema de Homero. La convención épica representa los estados interiores del sentimiento en una clave dinámica y lineal, de modo que una mente dividida puede ser leída a partir de una secuencia de acciones antitéticas. No obstante, Homero y Safo coinciden al presentar a la divinidad del deseo como un ser ambivalente, al mismo tiempo amigo y enemigo, que da cuenta de la experiencia erótica con una paradoja emocional.

Eros también aparece en otros géneros y poetas como paradoja de amor y odio. Aristófanes, por ejemplo, nos cuenta que el joven Alcibíades, seductor y libertino, era capaz de inspirar en el dēmos griego un sentimiento parecido a la pasión del amante:

ποθεῖ μέν, ἐχθαίρει δέ, βούλεται δ’ ἔχειν

pues lo aman y lo odian, y quieren poseerlo

(Ran. 1425)


En el Agamenón de Esquilo, se describe a Menelao dando vueltas por su palacio vacío tras la marcha de Helena. Las habitaciones parecen poseídas por ella; él se detiene en su alcoba y llora por “los surcos del amor en la cama” (411). No hay duda de que es deseo lo que siente (pothos, 414), pero también el odio se filtra para llenar el vacío (echthetai):

εὐμόρφων δὲ κολοσσῶν
ἔχθεται χάρις ἀνδρί·

“la gracia de las bellas estatuas le resulta odiosa al marido”

(Ag. 414-19)

Amor y odio constituyen igualmente un objeto para el epigrama helenístico. El requerimiento de Nicarco a su amado es típico:

εἴ με φιλεῖς, μισεῖς με· καὶ εἰ μισεῖς, σὺ φιλεῖς με

si me quieres, me odias, y si me odias, me quieres

(Anth. Pal. 11.252)


El epigrama de Catulo es tal vez la destilación más elegante de este cliché:

Odi et amo. quare id faciam, fortasse requiris.
nescio, sed fieri sentio et excrucior.

Odio y amo. Quizá me preguntes por qué actúo así. 
No lo sé, pero siento que es así y sufro.

(Catulo 85)

CARSON, ANN: Eros, the bittersweet: an essay, Princeton, Princeton University Press, 1988, págs. 3-6

lunes, 13 de septiembre de 2010

EL DIOS SUPREMO

Se suele considerar a Zeus como el más importante de los dioses griegos. Los poetas no tardaron en darse cuenta de que no: por encima de él, y subyugándolo como a cualquier otro ser inmortal o mortal, se encuentra Eros. Así, Eurípides dice en el fragmento 269N:

Ἔρωτα δ᾽ ὅστις μὴ θεὸν κρίνει μέγαν 
καὶ τῶν ἁπάντων δαιμόνων ὑπέρτατον, 
ἢ σκαιός ἐστιν ἢ καλῶν ἄπειρος ὢν 
οὐκ οἶδε τὸν μέγιστον ἀνθρώποις θεόν

"Quien no considere al Amor como un gran dios 
y la más poderosa de todas las divinidades,
o es un ignorante o, por no tener experiencia de lo bello,
desconoce al dios más importante para los hombres."

Nada que objetar, Eurípides. Mi experiencia de los días 31 de julio y 1 de agosto, que viene a sumarse a las de toda una vida, te da toda la razón.

El día 31, ya solo, nada más dejar a mi hermano en el aeropuerto, me dirigí a Rafina, el puerto de la costa oriental del Ática. Dejé el coche aparcado en un lugar poco fiable, casi en un descampado a unos 200 metros del puerto. A eso de las 7 y media de la mañana salió el ferry con dirección a Mykonos:



Mykonos es uno de los principales destinos turísticos del Mediterráneo, una especie de Ibiza a la griega, repleta de discotecas, hoteles y niños pijos. Naturalmente, no era eso lo que yo buscaba (en todo caso, ya lo tenemos aquí), sino la isla de Delos, la sagrada isla de Apolo, lugar de peregrinación para los antiguos griegos y, a raíz de ello, importante centro comercial del Mediterráneo durante varios siglos. Pero dado que actualmente está deshabitada, no hay destinos directos desde Atenas y primero hay que pasar por Mykonos. Al cabo de unas tres horas y media, llegué a esta isla:


Lo que más temía, el verme obligado a pasar allí más de un día, se hizo realidad, ya que justo cuando llegué, salía el último barco hacia Delos, de manera que tuve que ponerme a buscar alojamiento. Y fue la primera vez, desde que salimos de España, que no había manera de encontrarlo: ni un hotel, ni una pensión, ni una habitación de mala muerte. Hasta dos horas estuve dando vueltas por el laberinto de callejuelas, frito como estaba después de haber dormido unas cuatro horas. Y es que aquello estaba repleto de gente, gente movida por Eros, ansiosa de encontrar allí lo que no se encuentra entre las piedras. Para toda esa gente, para mí y para cualquier otro animal, la experiencia de la atracción sexual o amorosa (sobre esta  terminología, sintomáticamente confusa, ya habrá momento de hablar) es incomparablemente más llamativa y poderosa que el más vistoso de los monumentos milenarios, que el más cautivador de los libros, que el más opíparo de los banquetes, que todas las riquezas del mundo juntas ("¿Quién se goza con las riquezas, teniendo a Amor en contra? ¡Nada agradable puede haber para mí, si Venus me es desfavorable!", Propercio 1.14). Porque, queramos reconocerlo o no, no hay nada que supere a Eros: Ἔρως ἀνίκατε μάχαν (Sófocles, Antígona 783).

A pesar de ello, mi objetivo en este viaje era otro. Ni siquiera era la isla de Delos en sí, con todos los respetos para los tesoros que encierra, la mayor parte de los cuales desconozco:



Mi meta estaba en su museo arqueológico, que contiene dos sellos en los que se representa a Eros quemando sendas mariposas (= almas) sobre una hoguera. Los quería para el montaje, evidentemente. Cuál no fue mi decepción cuando me enteré de que, al igual que el camafeo que días más tarde busqué en Florencia, no estaban expuestos al público, sino ocultos en los polvorientos almacenes del museo. Sin embargo, justo antes de irme, tuve por fin un golpe de suerte: en ese momento llegó el arqueólogo responsable del museo, y no sin cierta resistencia, se dejó convencer y prometió enviarme por correo electrónico unas fotografías digitales de gran tamaño con las imágenes que buscaba. Como le prometí no publicarlas en libros ni subirlas a ninguna web, no voy a ponerlas aquí (curioso concepto de patrimonio universal y curiosa manía de ocultar cosas que se van a pudrir entre telarañas).

Antes de abandonar el museo, fotografié cosas interesantes, entre ellas esta copia de la misma Polimnia que días más tarde contemplé en Roma, en París y en Londres:


Luego visité el recinto arqueológico y por último subí al mítico monte Cinto (Κύνθος, Kynthos, Cynthus), que dio uno de los epítetos de Ártemis (Κυνθία, Cynthia, Cintia), porque allí nació la diosa junto con su hermano Apolo. Cintia es también un nombre poético predilecto entre los poetas romanos, por ejemplo Propercio (3.21.9-10):

unum erit auxilium: mutatis Cynthia terris
quantum oculis, animo tam procul ibit Amor

uno solo será el remedio: si cambio de país, Amor se irá tan 
lejos del corazón como Cintia de mis ojos.

ENSAYO 2

Segundo ensayo de edición del montaje sobre el Amor, todavía sin textos. Esta vez con música de flauta oriental (taksim, género en el que el intérprete da rienda suelta a la improvisación). Entre otras cosas, quiero comprobar si quedan bien las figuras con los fondos naturales de los museos, aunque tengo que probar si es preferible recortarlas con GIMP o Photoshop y ponerles fondos planos de color negro (me temo que no). Las imágenes aparecen tal como las tomé en el viaje, sin procesar, pero para el montaje final tengo que darles más calidez, sombra, contraste y nitidez.

martes, 17 de agosto de 2010

LLEGADA A LIVERPOOL

Segundo día de visita al Museo Británico:




Hoy he conseguido encontrar la figura de terracota de Mirina (Turquía) que representa a Eros quemando una mariposa (el alma):




Y el vaso Portland, un ejemplo de camafeo de una calidad extraordinaria:


Ojo al detalle decorativo al pie de los personajes:


Y luego, en tres horas y pico, me he plantado en Liverpool, que, como Munich, París y Londres, me ha recibido con lluvia. Mañana toca visita a la Walker Art Gallery.

jueves, 5 de agosto de 2010

POMPEYA

Como en el Museo Arqueológico de Nápoles, lo mejor de Pompeya está cerrado a cal y canto, y los visitantes tenemos que conformarnos con recorrer kilómetros y kilómetros de calles inertes y vacías de significado. De la media docena de inscripciones e imágenes que pensaba fotografiar, sólo he podido llegar a una. También me he encontrado esta representación de Eros:


jueves, 24 de junio de 2010

AMOR Y GUERRA

He encontrado esta imagen de un lekythos en el libro El descubrimiento del amor en Grecia, así que de nuevo gracias, Jesús. Eros llamando a la guerra con la trompeta (σάλπιγξ, sálpinx):


Universidad de Viena. Este descubrimiento me obliga a desviarme hacia Viena desde Munich o Florencia. Eso en el caso de que me permitan fotografiarla. Por ahora, parece que sí:

Dear Sirs,

My name is José Antonio Castilla and I am a teacher in Spain. I am very interested in taking a photograph of the Douris' lekythos number 526a (Eros blowing a trumpet). Would it be possible, or at least to get a digital picture of it? I need this picture in order to teach a lesson to my pupils.

I would be very grateful to you for an answer. Yours sincerely,

José Antonio Castilla


Dear José Antonio Castilla,
 
could you please give me some more details about the motif of Douris’ lekythos and from whom you got the information that it will be available at the University of Vienna?
 
With best regards
Monika Beringer-Ermer